Un volantazo. Salí corriendo del coche sin rumbo decidido. Una bocanada de vacío. Aunque mi corazón bombeaba atropelladamente el riego no llegaba a aclararme las ideas. Tampoco la lluvia. Me senté sobre el asfalto mojado, cerca de la puerta aún abierta del coche. Inspiré indiferente al paisaje. Tan sólo podía ver la imagen de la cuneta grabada en mis pupilas y repetir un nombre grabado en mi subconsciente; El suyo.
Estiré la mano hacia la puerta, cogí el papel y el boli que guardo en su gaveta, e inconscientemente escribí:
“Aunque hayan pasado tantos años y te resulte inoportuno, esta noche tenía que decirte que dejarte es lo más estúpido que he hecho en mi vida”.
Cuando recuperé la cordura comprendí que casi me mato por conducir toda la noche sin descanso; y que no sabría a qué dirección enviar esta nota que tú has encontrado hoy en la gaveta de mi coche.
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